Soy un tipo con suerte. Esta es la frase que he elegido para abrir y cerrar esta historia, que ya os anticipo, consta de tres capítulos, muy diferenciados entre sí. Como podéis imaginar, si termina con esa frase, es que tiene un final feliz.
En el primero, voy a hacer un poco de historia, aunque algo he ido soltando en anteriores entradas por el blog, pero creo que es importante que forme parte del hilo de este cuento, pues contextualizar los relatos ayuda mucho a la comprensión.
En el segundo, aunque cuando lo viví, no lo sentí así, los hechos lo pueden clasificar como un capítulo de transición, hasta el tercero, verdadero desenlace de la serie que voy a relatar.
Os anticipe que el relato era un tanto rosa, así que de relaciones sentimentales voy a hablar.
Corría el año 2.002, si me habéis leído, es obvio que se trataba del mes de Abril. Hacía no mucho tiempo que mi primera novia, a la que obviamente conocí el Abril del año anterior, y con la que sólo estuve 7 meses, me había mandado como se suele decir…. a reflexionar sobre la vida. En un viaje a Barcelona, ciudad que me encantaba y que iba a marcar mi vida, conocí a la que sin saberlo, se iba a convertir en mi pareja durante casi 6 años, mi más larga relación hasta la fecha. Mucho de lo que soy ahora, se forjó durante aquellos años. Con aquella chica descubrí el amor, aprendí mucho sobre los motivos que hacen que se vaya apagando la llama y comprendí que hay un punto de no retorno. Una línea que cuando es atravesada, hace que la relación sea irrecuperable. Todo lo que ocurre a partir de ese momento, es tiempo perdido. Así pues, esta relación de seis años, debió quedarse en algo más de cuatro, el resto fue tiempo perdido. Es cierto que cuando uno mantiene una relación a distancia, las cosas requieren de más tiempo, suceden más despacio y los plazos se alargan.
De este modo, viví mis dos añitos de descubrir el amor, mis dos añitos de soplar al fuego para que no se apagara y mis dos añitos de recordar cuanto calentaba aquel fuego, del que el viento ya no había dejado ni las cenizas. Tras muchas vivencias, muchas cosas buenas, otras no tanto, horas y horas de reflexión y decenas de motivos puestos sobre la balanza, tomé una dolorisísima decisión, terminar con aquella historia, que un día fue de amor. Como he dicho, hubo muchas razones, pero la relevante para comprender este relato es la siguiente:
- A mis treinta años, por aquel entonces, no me quise resignar a pasar el resto de mi vida sin sentir aquello que yo consideraba enamoramiento, pasión, deseo, locura…
Decidí que debía darme a mi mismo la oportunidad de enamorarme sin traicionar ni engañar a nadie.
Continuará….